Mi nombre es Nicolás Avellaneda. No hay nada interesante sobre mí así que les comentaré que desde hace una semana estoy trabajando en una nueva revista: "La Paloma".
Me contrataron para escribir una columna de reflexión. Básicamente, me dedico a publicar cosas que nadie nunca lee, con la esperanza de que alguna persona aburrida en el subte, luego de leer todas las novedades de "Show match", de la novia de Ricardo Fort", decida leer aunque sea dos renglones de lo que escribí. En fin, me pagan por hacer esto así que no tengo nada que perder.
He aquí mi primera publicación en La Paloma.

Hace unos días me encontré recostado en mi cama. En la oscuridad del dormitorio, se oía solo mi respiración y “One”, un tema de Metallica. Me percaté de que, en el silencio de mi habitación, el tema sonaba muy fuertemente aún en volumen “1” entonces pensé: ¿existirá el volumen “0”? Traté de bajarlo y efectivamente existía… Eso me dejó pensando.
Ayer decidí buscar en un diccionario on-line que me enseñaron mis hijos, el significado de “0”. Apareció lo siguiente: “El cero (0) es el signo numérico de valor nulo”… Entonces pensé erróneamente que nulo debía tener otro significado que no fuera el que luego encontré: “que no existe, o deja de existir”.
¿Cómo es posible que en volumen “0” o “nulo” podía escuchar si, según la definición de nulo, cuando algo está en 0, no existe?
La respuesta de por qué la compañía de mp3 hizo esto no la tengo… Pero sí encuentro la relación con la vida cotidiana.
Esto me dice: “tener 0 no siempre es tener nada”. De la misma manera en que yo pude escuchar mi mp3 en volumen 0, cuando el sonido debería haber sido nulo, inexistente, podemos reírnos en un ataque de llanto. Nada es absoluto, todo es relativo… Incluso tener nada, tener 0 es relativo. Podemos amar a alguien a más no poder y al otro día odiarlo con todas nuestras fuerzas, es que del amor al odio, algo tan opuesto, hay un solo paso. Del sonido al sonido nulo también hay un solo paso que ni siquiera es absoluto tal como pasa con el amor y el odio: Nunca terminamos de amar cuando comenzamos a odiar, no terminamos de llorar cuando comenzamos a reír, no terminamos de escuchar cuando el sonido es nulo.

Vivimos confundidos, buscando siempre un blanco o un negro... No nos damos cuenta de que nuestra existencia se basa en un gris constante. No podemos elegir entre escuchar y no escuchar salvo que nos desconectemos totalmente del mundo, que terminemos con nuestras vidas, que apaguemos el mp3 y decidamos que ahí terminó todo… Esa es la única forma de no escuchar más… porque si no, aunque el sonido sea nulo seguiremos escuchando.
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