lunes, 19 de julio de 2010

Memoria II :Instrucciones para olvidar.

Luego de haber hablado de lo que es un recuerdo, lo que es la memoria, etc. He aquí las instrucciones para olvidar algo, alguien, ya sea un momento, una persona, un nombre, una palabra.




Primero debemos pensar en eso, en el objeto que se desea borrar por completo de nuestra memoria. Debemos recordarlo con la mayor precisión posible, sin dejar pasar sus colores, su olor, su esencia, el objetivo es SENTIR el objeto, como si estuviera presente.

En segundo lugar debemos llenar nuestra mente con la mayor cantidad de recuerdos que tengamos con el objeto a olvidar que nos sea posible. La primera vez que lo vimos, que lo escuchamos, que lo sentimos. Debemos llevar todo eso hacia un primer plano en nuestra cabeza.

Luego de haber cumplido con el primer y segundo paso, intentaremos pensar en la razón por la que queremos o debemos olvidarlo. Pensaremos en el mal que nos causó ese objeto. Si es necesario llegaremos al llanto, aunque sea fingido ya que en algún punto se volverá real (esto se explica en el siguiente paso).

Una vez realizados todos los pasos anteriores, cuando el llanto aún continúa, empezaremos a llorar realmente. Esto no hay que intentarlo, simplemente se dará porque caeremos en la cuenta de que no podemos olvidar por completo nada que nos haya marcado. Podremos perder un par de detalles si no pensamos en aquello que se desea borrar de nuestras mentes pero jamás lo superaremos. Nada se supera, solo se aprende a convivir con ello.

domingo, 18 de julio de 2010

I

Gobierno demócrata le dicen ahora. Aunque algunos bien prefieren llamarlo Papá Noel, Santa Claus: fantasía que anhelamos se convierta en realidad.

Memoria

¿Cómo es que hay cosas inolvidables? Uno a lo largo de su vida vive muchos momentos imposibles de recordar, sin embargo hay cosas que nunca se olvidan:
“Nunca me voy a olvidar de mi primer beso… No fue el mejor, pero fue el primero y no podría olvidármelo”.
“Yo creo que lo que jamás se olvida es el primer amor, la primer relación o no… No sé, la primera vez que uno se siente… Bueno, no sé cómo explicarlo.”
“El peor día de tu vida. Si realmente fue malo, es inolvidable… Pero uno tampoco busca olvidarlo, siempre deja algo que aprender”.
“Inolvidable es el mejor día de tu vida… por algo fue el mejor, ¿no?”.




Estos recuerdos de alguna forma son seleccionados, o sea, uno los elije porque HAY QUE elegirlos como los inolvidables: mirá si alguien te pregunta cómo fue tu primer beso y no sabés contestar.

Pero así como hay recuerdos seleccionados hay otros que no… recuerdos que inconscientemente se pegan a tu memoria. Éstos los dividimos en dos: los que sabemos que están porque los necesitamos para utilizarlos rutinariamente: tu nombre, tu edad, el padre nuestro, el nombre de tu familia y el de tus amigos; y los que no sabemos por qué razón quedan en nuestra mente, pero simplemente están y no se van: alguna cara que te marcó, una oración de un libro, un sueño.





Ahora veamos, ¿por qué será que a veces nuestras mentes no quieren recordar? No me refiero al texto de un manual de geografía que explica el relieve de Madagascar, sino al nombre de una persona, al rostro, incluso algo tan simple como el nombre de una calle que a pesar de que repitamos cientos de veces jamás queda grabado en nuestra memoria. Ahí están los recuerdos no recordados, esos recuerdos que por más que lo intentemos y reintentemos jamás quedarán.





¿Cuál es la diferencia entre el pasado y la memoria?
El pasado es un conjunto de sucesos y emociones ocurridos en un tiempo anterior, sin importar si son recordados o no.
La memoria es un conjunto de recuerdos imaginados, alucinados, soñados o vividos. Es una selección intencional o involuntaria de cualquier momento experimentado en el pasado.

viernes, 9 de julio de 2010

Juan Pérez

Nací el 24 de Agosto de 1980. Mi madre me tuvo después de un parto sin complicaciones, bastante sencillo. El mismo día nació mi primo, él sí que tuvo problemas al nacer teniendo en cuenta que era sietemesino. Esto hizo que la concentración de la familia se desplazara hacia él, al pobre bebé que nació por cesárea. Así que mi llegada al mundo no fue para nada especial.

Crecí junto con mis dos hermanos, yo fui el segundo en nacer: el del medio... Nada particular: ni el primero, ni el último. Fuimos los tres al mismo colegio. Mi hermano mayor tuvo el mejor promedio del curso, mi hermano menor tuvo el peor, y yo... yo era uno más del montón.

Cuando tenía quince años mi abuela me dijo: "serás lo que quieras ser o no serás nada" y ahí decidí que no quería ser nada. Qué me importaba ser alguien, qué sentido tenía. A partir de ese momento la gente me llamó por insensible, pero no me afectó porque todo me resbalaba.

Me egresé con todos los demás, la única diferencia entre mis compañeros y yo fue que ni una lágrima se me cayó en el fogón. Mi novia me dejó y no estuve mal, no me deprimí, nisiquiera me angustié. Jamás sentí nada, no sé lo que se siente sentir.

Trabajo en un call center, lo único que hago es atender llamados, hacer de cuenta que escucho a la gente y derivarlos a otra persona. No pasa absolutamente nada si no me muevo, si desaparezco.



Soy como la línea del Ecuador en el planisferio de la vida: me mantengo siempre en cero, en la mitad.

A pesar de todo lo que crean leyendo mi "no-interesante" vida debo decirles que es perfecta ya que: como nunca me tracé un objetivo, jamás fracasé; nunca jugué ni aposté nada, por ende, jamás perdí; jamás quise lo suficiente a alguien así que nunca lloré; no conozco lo que es la felicidad y por eso jamás caí en la depresión.

Afraid

Tiene miedo de hablar, de decir toda la verdad… Le causa temor lo que piensen los demás después. Un simple comentario puede desatar una cadena de
rumores de los más delirantes. No quiere que crean de él cosas que no son. No quiere decir con quién está ni a dónde va, no quiere que especulen con cosas que no pertenecen a la realidad.

Le gustaría poder hablar libremente sin temor a que nadie lo juzgue de mala manera… Y sabe que el problema no está en los demás, está en él únicamente. Sabe que es él el que tiene que poder confiar… el que tiene que cambiar. Pero no puede, le da miedo.
Le da tanto miedo que decide refugiarse en la mentira: en su mundo perfecto, inventado, irreal; en una burbuja… y ahí, ahí es cuando las cosas empeoran.

Sí, una burbuja no puede durar mucho tiempo, y cuánto más grande lograste hacerla más duele cuando se rompe… Las mentiras tienen patas cortas... pero él sigue mintiendo, hiriendo a la gente, lastimándose a sí mismo
Y después, cuando ya no puede más surge el Dr. Jekyll que todos tenemos en nuestro interior, ese que paga las consecuencias de Mr. Hyde.

En ese momento, cuando le cae la ficha, lo vuelve a intentar, se propone ser solo el Dr. Jekyll y falla nuevamente, justo cuando todo está yendo mejor como si la desgracia lo persiguiera. Entonces la mentira vuelve, pero no
entiende que sin ella él está mejor y
ahora... Ya no le quedan ganas de seguir. Y es porque se equivoca, porque la solución al problema es convivir con los dos, tratar de
combinarlos en una sola persona. No podemos negar una parte de lo que somos, no podemos huir de esto. Hay que aceptarloy mejorarlo.

Sin embargo, él no logra hacerlo, no logra darse cuenta de que tiene que lograr su perfecto yo combinando lo bueno y lo malo. Piensa en lo mucho que le gustaría desaparecer y zafar de todo, no sentir. Vivir en la plena felicidad.



Es tan fácil decirlo… soñar, soñar el mejor de los sueños y no despertar nunca, vivir como Alicia que podía irse a otro mundo cada vez que lo quería, como Peter Pan… Pero eso ya es otra historia.



jueves, 8 de julio de 2010

¿Cómo será?

Es increíble como las personas no son capaces de ver la felicidad, algo que siempre está en cada oportunidad, en cada puerta abierta e incluso en las puertas cerradas, porque cada vez que se cierra una, ahí es cuando nos damos cuenta de las otras miles de puertas y ventanas que tenemos abiertas y que siempre estuvieron ahí, esperando que aquella que nos cegaba se cierre y podamos contemplar las demás.


¿Será que tal vez somos nosotros los que no
queremos ver esa felicidad? Nos atamos tanto a una puerta, a un camino que cuando
éste ya no está más, nos perdemos, nos desesperamos e intentamos volver atrás. Ahí está el error, en tratar regresar, hay que cerrar puertas, cerrar caminos, capítulos. Todos aquel
los pasadizos por los que ya no tenemos o no podemos pasar.


A veces nos cierran esos caminos a la fuerza,
cuando más nos gustaban, cuando no estábamos preparados y queremos seguir transitándolos de todas formas, somos incapaces de aceptar que por ahí no era por donde teníamos que ir. Otras veces nos cierran los caminos demasiado tarde, cuando ya lo tene
mos casi todo recorrido, cuando no nos imaginamos la vida en otro lugar, de otra forma, ahí es cuando no lo superamos más, cuando caemos en el vacío que existe entre la puerta que nos cerraron y la otra que nos espera abierta.


¿Será la felicidad una decisión? ¿Tendremos que s
eguir caminando y guiarnos por nuestros pies todo el tiempo para conseguirla?


¿Será demasiado grande tal vez para caber toda entera acompañada de los otros sentimientos en nuestro corazón?
Algunos creen que la felicidad se basa en el dinero. ¿Los ricos serán los más felices? muchos de ellos no logran llegar a la felicidad, a la pura felicidad, a la no material, creen que son felices porque viven en su burbuja rodeados de gente que los quiere, o de gente que quiere y finge quererlos para poder pertenecer a esa burbuja, a esa irrealidad.

Algunos creen que la felicidad es una decisión, la decisión de seguir siempre adelante, pero muchos no pueden hacer eso por razones de fuerza mayor, por alguien que se los prohíbe, que no los deja avanzar y solo triunfan los que luchan por un cambio. Entonces, si
la felicidad se basa en atravesar todos los obstáculos, luchar por un cambio: ¿por qué no todos se juegan por cambiar las cosas?




Cuando uno lucha por dar vuelta las cosas se arriesga que lo echen para atrás, más atrás de lo que antes estaba, o lo que es aún peor a quedar en el vacío, ese que existe entre dónde se encontraba anteriormente y el lugar a donde quiere llegar.







¿Existirá realmente la plena felicidad, la pura, la que todos quieren sentir?


¿O será, tal
vez, que este sentimiento viene incorporado a nosotros y por no verlo, por sentirlo algo tan cotidiano, salimos a buscarlo como si no estuviera?