viernes, 27 de agosto de 2010

Nicolás Avellaneda: Dictadura democrática.

¿Alguna vez se plantearon que vivimos igual o peor que en los tiempos de dictadura? yo lo hice luego de escuchar a la madre de una niña víctima de las redes de trata. He aquí mi historia de la columna de hoy.



60 amaneceres han pasado desde que mis dedos sostuvieron entre ellos noticias de un colega casi olvidado.

Habiendo pasado meses, cualquiera consideraría una rareza no haber respondido lo que tanto le interesaba y la razón por la que él había escrito.

Su viaje comenzó cuando a mitad de la pubertad nos encontrábamos. Fue por trabajo de sus progenitores, las aguas tuvo que cruzar para así llegar a una tierra donde todos hablaban extraño pero sabían escucharse.

Fueron de mucho asombro para mí sus fantásticas noticias, pero por sobre todo, el ver cuánto interés parecía tener por su país, el país donde había nacido.

Hasta ahora no he podido responderle por no querer decepcionarlo. Mirá si le cuento yo que todavía cuando menos de lo esperas te pueden llevar, conducirte al más horrible lugar y regresar sin poseer siquiera un poco de lo que nos hace humanos, la dignidad. Que los dirigentes siguen siendo lo que eran con otros nombres y que el mundo, mi mundo, en el que alguna vez él también “vivió”, sigue igual: seguimos siendo los mismos seres defectuosos que éramos cuando su barco zarpó.
Decime vos, sí, vos: ¿Cómo le explico yo que habiéndose evaporado 30.000 individuos cuando al gobierno terriblemente llamábamos: “dictadura militar” ahora que lo llamamos democracia son 18.000 las personas que ya no están?; ¿Cómo le explico que este gobierno demócrata es igual a Santa Claus?: fantasía que anhelamos se convierta en realidad; El gobierno nos asusta, nos manipula. Nos muestra y oculta lo que quiere. Pero somos nosotros también los que colaboramos... Los que no queremos saber. ¿De qué manera debo decirle que el desconocer y no querer conocer de la gente sigue igual?: ¿cómo le explico la ignorancia de nuestros compañeros?



Y decime: ¿cuándo podré responderle a mi colega sin tener que mentir?; ¿cuándo va a terminar esta dictadura democrática?; ¿cuándo abriremos los ojos y veremos la VERDADERA realidad?; ¿cuándo nos animaremos a explotar esa burbuja en la que vivimos y enfrentar el mundo real?





jueves, 5 de agosto de 2010

II

"Aunque el sonido sea nulo seguiremos escuchando". (Nulo)

Nicolás Avellaneda: Nulo.


Mi nombre es Nicolás Avellaneda. No hay nada interesante sobre mí así que les comentaré que desde hace una semana estoy trabajando en una nueva revista: "La Paloma".

Me contrataron para escribir una columna de reflexión. Básicamente, me dedico a publicar cosas que nadie nunca lee, con la esperanza de que alguna persona aburrida en el subte, luego de leer todas las novedades de "Show match", de la novia de Ricardo Fort", decida leer aunque sea dos renglones de lo que escribí. En fin, me pagan por hacer esto así que no tengo nada que perder.

He aquí mi primera publicación en La Paloma.



Hace unos días me encontré recostado en mi cama. En la oscuridad del dormitorio, se oía solo mi respiración y “One”, un tema de Metallica. Me percaté de que, en el silencio de mi habitación, el tema sonaba muy fuertemente aún en volumen “1” entonces pensé: ¿existirá el volumen “0”? Traté de bajarlo y efectivamente existía… Eso me dejó pensando.

Ayer decidí buscar en un diccionario on-line que me enseñaron mis hijos, el significado de “0”. Apareció lo siguiente: “El cero (0) es el signo numérico de valor nulo”… Entonces pensé erróneamente que nulo debía tener otro significado que no fuera el que luego encontré: “que no existe, o deja de existir”.
¿Cómo es posible que en volumen “0” o “nulo” podía escuchar si, según la definición de nulo, cuando algo está en 0, no existe?

La respuesta de por qué la compañía de mp3 hizo esto no la tengo… Pero sí encuentro la relación con la vida cotidiana.

Esto me dice: “tener 0 no siempre es tener nada”. De la misma manera en que yo pude escuchar mi mp3 en volumen 0, cuando el sonido debería haber sido nulo, inexistente, podemos reírnos en un ataque de llanto. Nada es absoluto, todo es relativo… Incluso tener nada, tener 0 es relativo. Podemos amar a alguien a más no poder y al otro día odiarlo con todas nuestras fuerzas, es que del amor al odio, algo tan opuesto, hay un solo paso. Del sonido al sonido nulo también hay un solo paso que ni siquiera es absoluto tal como pasa con el amor y el odio: Nunca terminamos de amar cuando comenzamos a odiar, no terminamos de llorar cuando comenzamos a reír, no terminamos de escuchar cuando el sonido es nulo.




Vivimos confundidos, buscando siempre un blanco o un negro... No nos damos cuenta de que nuestra existencia se basa en un gris constante. No podemos elegir entre escuchar y no escuchar salvo que nos desconectemos totalmente del mundo, que terminemos con nuestras vidas, que apaguemos el mp3 y decidamos que ahí terminó todo… Esa es la única forma de no escuchar más… porque si no, aunque el sonido sea nulo seguiremos escuchando.