Hoy es 3 de Octubre de 2011. Para algunas personas que conozco hoy es un día muy malo, un día que tiene que pasar rápido y guardarse en el cajón de los días olvidados. Para otros es simplemente un día normal. Para alguien es un día de abandono y para mí es un día de soledad.
Hoy, en el primer lunes de Octubre, sé que termina algo. Son las 11 de la mañana y sé que a las 11 de la noche ya no voy a ser la misma.
La realidad es que no voy a hacer nada para parecer más madura, o más grande. Todavía pienso que existen los finales felices, todavía tengo la esperanza de que todo sea una sensación errónea, todavía creo que un beso antes de las 12 puede salvarme, porque sí, todavía tengo la certeza de que soy una princesa.
¡Cuántos “todavía”! Es porque también hay una mínima parte de mí, la que trata de poner los pies en el suelo, la que piensa en el futuro, que cree que hoy voy a crecer, que hoy se terminaron los cuentos, que me voy a dar cuenta de que el amor no existe, o al menos, no para mí. Que no tiene sentido buscar peras en un holmo, apropiarme de un corazón vacío y regalar mi alma.
En el caso de que un beso me salve antes de las 12, voy a jugármela del todo. Voy a arriesgar y a poner todo lo que tengo para dar.
Caso contrario, prometo no enamorarme otra vez. No voy a dejar que nadie se me acerque demasiado y voy a cuidar lo que queda de mi corazón que de a poco se va a ir reconstruyendo, para quedarse conmigo y no irse nunca más.
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