domingo, 14 de noviembre de 2010

Lie to me

Múltiples razones pero todas se funden en una sola: INSEGURIDAD. Cuando algo no nos gusta, cuando queremos cambiarlo y no encontramos, ya sea porque estamos cansados o porque no queremos buscar, una forma, terminamos mintiendo. Y ¿por qué? Porque tememos la reacción del otro al saber la realidad.
Yo miento, tú mientes, él miente, TODOS mentimos.

La mentira es un fenómeno tan poderoso que no solo afecta al que escucha la mentira, si no también, al que la dice. Pongamos un ejemplo: Juan se enoja porque Pedro le rompió un autito. Pedro le dice que le va a devolver dos autitos. Juan se desenoja y retoma su amistad con Pedro.
Supongamos que Pedro nunca va a devolverle los autitos… Entonces, mintió.
Pedro miente, Juan lo cree y eso lleva a Juan a reaccionar de una forma probablemente diferente a si supiera la verdad. La reacción de Juan tiene consecuencias en Pedro. Al mentirle Pedro a Juan, el primero hace que el segundo actúe de forma diferente con él… Entonces se está mintiendo a él también. Crea su propia realidad mediante un engaño.
Pero las cosas no tienen que solucionarse así… Una mentira no puede durar mucho tiempo y en cualquier momento Juan va a caer en la cuenta de que su autito no está. Entonces es mejor vencer la inseguridad del principio. Ponerse bien puestos los pantalones de la verdad y hacer bien las cosas.
Una vez que superemos y nos demos cuenta de que la mentira no está buena, agarramos la realidad con las dos manos y pensamos: ¿qué puedo hacer con esto? Y nos damos cuenta de que con la realidad podemos hacer más cosas. Basándonos en la realidad podemos hacer cosas reales, no engaños, que es lo único que se puede hacer con una mentira.
De esta forma evitamos inseguridad, evitamos caídas, engaños. Evitamos mentiras.

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