Aún no sé si publicaré esto en La Paloma... No le encuentro mucho sentido pero es una gran hazaña para mí.
Sentía las gotas de sudor naciéndome en la frente y bajando hasta la punta de mi nariz. El fuego que contemplaba frente a mí había subido bastante pero yo no podía irme. No quería irme. Aún no había terminado de hacer un par de cortes que me faltaban. Miraba a la que había sido mi víctima directamente a sus grandes ojos marrones y ésta, como si aún viviera me sostenía la mirada.
Me perdí en sus pupilas. Luego bajé la mirada hacia su gran nariz y finalmente hacia su ensanchada boca.
Me perdí en mis pensamientos unos minutos más y volví a la realidad cuando a mi lado divisé a uno de mis hijos, el más pequeño. Éste miró a la víctima. Sonrío. Se tocó la panza y me preguntó por el cerdo que tenía frente suyo.
Le dije que enseguida estaría listo. Volví a perderme en su piel rosada, en sus ojos marrones, en su nariz prominente y en su ancha boca una vez más antes de anunciar que la comida estaba lista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario