jueves, 14 de octubre de 2010

Death

Cuando nacemos no tenemos la certeza de de qué vamos a trabajar, cuánto tiempo va a durar nuestra vida… Pero hay algo de lo que si estamos seguros y es que algún día vamos a morir. No sabemos cómo, nadie lo sabe, el destino no está escrito.
Pero, ¿por qué tememos a la muerte si es lo único seguro? Porque estamos seguros que sucederá, que es algo inevitable; el hombre ha intentado manejar su vida como le place a lo largo de los años pero teme no poder hacerlo más y sabe que es algo inevitable.
La muerte es como la ruleta, uno no tiene idea de qué número va a tocar y por eso siente nervios. Cuando enfermamos, cuando tomamos decisiones arriesgadas no sabemos el final y tememos lo desconocido tal como sucede con un juego de azar.

Muchas veces tememos más por los demás, ya que nuestra vida la "manejamos" nosotros y los demás manejan sus vidas por su cuenta impidiéndonos controlársela por más que así lo deseemos. Esto no quiere decir que ante una enfermedad alguien no pueda curarte, pero esa persona, la que te salva no tiene poderes: una cura consiste en la efectuación de técnicas y/o medicamentos que funcionaron en varias personas y la mejor voluntad del médico o curandero, pero solo el cuerpo es quién debe reaccionar a lo que se le hace.
Más allá de las religiones, aquellas que creen en la vida de ultratumba, o en el más allá, las que sostienen que te vas al “cielo”, etc. Todos terminamos muriendo y es algo que no se puede cambiar… Y, ¿por qué lamentarse? La muerte de un ser querido es no tenerlo más físicamente, porque perdura en nuestra memoria por siempre. Es como un viaje largo, que según cada religión termina en algo, en un lugar, al que todos vamos, donde una nueva etapa comienza.

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