Nací el 24 de Agosto de 1980. Mi madre me tuvo después de un parto sin complicaciones, bastante sencillo. El mismo día nació mi primo, él sí que tuvo problemas al nacer teniendo en cuenta que era sietemesino. Esto hizo que la concentración de la familia se desplazara hacia él, al pobre bebé que nació por cesárea. Así que mi llegada al mundo no fue para nada especial.
Crecí junto con mis dos hermanos, yo fui el segundo en nacer: el del medio... Nada particular: ni el primero, ni el último. Fuimos los tres al mismo colegio. Mi hermano mayor tuvo el mejor promedio del curso, mi hermano menor tuvo el peor, y yo... yo era uno más del montón.
Cuando tenía quince años mi abuela me dijo: "serás lo que quieras ser o no serás nada" y ahí decidí que no quería ser nada. Qué me importaba ser alguien, qué sentido tenía. A partir de ese momento la gente me llamó por insensible, pero no me afectó porque todo me resbalaba.
Me egresé con todos los demás, la única diferencia entre mis compañeros y yo fue que ni una lágrima se me cayó en el fogón. Mi novia me dejó y no estuve mal, no me deprimí, nisiquiera me angustié. Jamás sentí nada, no sé lo que se siente sentir.
Trabajo en un call center, lo único que hago es atender llamados, hacer de cuenta que escucho a la gente y derivarlos a otra persona. No pasa absolutamente nada si no me muevo, si desaparezco.

Soy como la línea del Ecuador en el planisferio de la vida: me mantengo siempre en cero, en la mitad.
A pesar de todo lo que crean leyendo mi "no-interesante" vida debo decirles que es perfecta ya que: como nunca me tracé un objetivo, jamás fracasé; nunca jugué ni aposté nada, por ende, jamás perdí; jamás quise lo suficiente a alguien así que nunca lloré; no conozco lo que es la felicidad y por eso jamás caí en la depresión.
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