Es increíble como las personas no son capaces de ver la felicidad, algo que siempre está en cada oportunidad, en cada puerta abierta e incluso en las puertas cerradas, porque cada vez que se cierra una, ahí es cuando nos damos cuenta de las otras miles de puertas y ventanas que tenemos abiertas y que siempre estuvieron ahí, esperando que aquella que nos cegaba se cierre y podamos contemplar las demás.
¿Será que tal vez somos nosotros los que no
queremos ver esa felicidad? Nos atamos tanto a una puerta, a un camino que cuando
éste ya no está más, nos perdemos, nos desesperamos e intentamos volver atrás. Ahí está el error, en tratar regresar, hay que cerrar puertas, cerrar caminos, capítulos. Todos aquel
los pasadizos por los que ya no tenemos o no podemos pasar.

A veces nos cierran esos caminos a la fuerza,
cuando más nos gustaban, cuando no estábamos preparados y queremos seguir transitándolos de todas formas, somos incapaces de aceptar que por ahí no era por donde teníamos que ir. Otras veces nos cierran los caminos demasiado tarde, cuando ya lo tene
mos casi todo recorrido, cuando no nos imaginamos la vida en otro lugar, de otra forma, ahí es cuando no lo superamos más, cuando caemos en el vacío que existe entre la puerta que nos cerraron y la otra que nos espera abierta.

¿Será la felicidad una decisión? ¿Tendremos que s
eguir caminando y guiarnos por nuestros pies todo el tiempo para conseguirla?
¿Será demasiado grande tal vez para caber toda entera acompañada de los otros sentimientos en nuestro corazón?
Algunos creen que la felicidad se basa en el dinero. ¿Los ricos serán los más felices? muchos de ellos no logran llegar a la felicidad, a la pura felicidad, a la no material, creen que son felices porque viven en su burbuja rodeados de gente que los quiere, o de gente que quiere y finge quererlos para poder pertenecer a esa burbuja, a esa irrealidad.
Algunos creen que la felicidad es una decisión, la decisión de seguir siempre adelante, pero muchos no pueden hacer eso por razones de fuerza mayor, por alguien que se los prohíbe, que no los deja avanzar y solo triunfan los que luchan por un cambio. Entonces, si
la felicidad se basa en atravesar todos los obstáculos, luchar por un cambio: ¿por qué no todos se juegan por cambiar las cosas?

Cuando uno lucha por dar vuelta las cosas se arriesga que lo echen para atrás, más atrás de lo que antes estaba, o lo que es aún peor a quedar en el vacío, ese que existe entre dónde se encontraba anteriormente y el lugar a donde quiere llegar.
¿Existirá realmente la plena felicidad, la pura, la que todos quieren sentir?

¿O será, tal
vez, que este sentimiento viene incorporado a nosotros y por no verlo, por sentirlo algo tan cotidiano, salimos a buscarlo como si no estuviera?
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